Porque necesitamos formar lectores mas fuertes y apasionados

(de Anna Lavatelli)

Lima, Convenio internacional ICPNA, 2015

 

Abundan las simplezas en la LIJ y nadie ignora que dar de leer tonterías vale tanto como maleducar

(Salazar Bondy, poeta, dramaturgo y periodista peruano, 1925-1965 )

 

Un buen libro acostumbra al habito del pensar (Mario Lodi, pedagogo y escritor italiano 1922-2014)

 

 

¿Santas palabras, no es cierto? Quién no estaría de acuerdo con esta declaración. Mas complicado resulta irnos un poco mas allá, y preguntarnos: “¿ en que clase de libros estaba pensando el maestro Mario Lodi? ¿qué son las simplezas a que se refiere Salazar Bondy? Y al final: ¿Que se considera un buen libro de LIJ? ¿Qué tanto debe tener de especial y diferente del resto de libros alineados en los estantes de una librería o de una biblioteca? ¿Como reconocer su valor intrínseco y estar seguros que sí, esta vez escogimos bien, y que lo pasamos bien leyendo, que disfrutamos y que valía la pena compartirlo con nuestros hijos, alumnos, amigos?”.

No es nada facil encontrar respuestas definitivas. Y al final es posible que nadie tenga la receta mejor, porque la literatura es movil, cambiante, flexible, innovadora, y no se deja encasillar en gráficos o esquemas, ni menos en los pretenciosos listados de top ten de ventas.

 

 

El que se interesó mucho en el tema fué Gianni Rodari, el mas famoso entre los escritores italianos modernos. Siendo un creativo, estudió el asunto de otro punto de vista, o sea: como nacen los cuentos y de que manera los puede trabajar el autor. En su ensayo ‘Grammatica della fantasia’ – obra critica que mantiene hasta ahora todo su fuerza de innovación – encontramos ejemplos del arte de sacar cuentos a partir de juegos de palabras, lapsus, disparates… Todo error puede ser pretexto para un texto.

 

Una declaración que podría llevarnos a pensar que todos podemos ser escritores, si no fuese que la gramática de la fantasia necesita el alimento de la creatividad para crecer y llenarse de sentido, para contar algo que sea atractivo, con una perspectiva diferente y un desarrollo inesperado, para contar cuentos que cuestionen lo que nos enseñaron y que aceptamos por cierto y seguro, estimulando preguntas incómodas, curiosidad, interés para lo que es diferente, ganas de conocer los vaivenes de la vida a través de los protagonistas de una ficción literaria, capacidad de comprender el punto de vista del resto.

 

Rodari no era un ingenuo soñador, era un soñador racional, si me permiten el juego de palabras, por esto quiso aclarar que los ‘ejercicios’ de su Gramática no estaban orientados a que todos fueran escritores, sino ‘para que nadie fuese esclavo’.

Esto significa que el ejercicio de la lectura continuo, curioso, libre e inquieto es lo que nos permite lograr asentarnos en este mundo y tomar nuestras propias decisiones, sin dejarnos condicionar por las sirenas del marketing que nos reducen a meros consumidores, sin permitir que los políticos   nos dejen embelesados con sus oraciones, rebosantes de palabras y vacías de propuestas concretas.

 

Leer para no dejarse esclavizar, como proclama Rodari, es una trayectoria de vida personal y social, no solamente un transcurso escolar. Es una educación permanente, que dura toda una vida, y no una carrera profesional. Para lograr este reto no basta con estudiar: se necesitan libros. Libros, con poesías y cuentos completos, no antologías escolares, donde encontramos piezas dispersas del alma de un escritor o de un poeta, con las que se hace una útil aunque dolorosa disección de la literatura. Cabe recordar (porque casi siempre lo pasamos por alto) que entre estos libros formativos no hay solamente la ficción, sino también la no-ficción, un tema que iré a retomar más adelante.

 

 

Las metas del sistema escolar no coinciden, ni podrían hacerlo, con las perspectivas de la educación a la lectura libre. Es importante no confundir las dos trayectorias, que pueden encontrarse en algunos momentos vitales de su propio camino y compartir proyectos, pero siempre tomando en cuenta que aprender nociones y fomentar la lectura son dos desempeños, que se alimentan de la misma ‘materia’ desde puntos de vista bien diferentes.

Lo que resulta evidente, al final de esta primera parte de mi ponencia, es que léer buenos libros se ve un asunto importantísimo, imprescindible.

Y de esta manera regresamos al tema inicial: ¿qué es un buen librode LIJ?

Porque realmente es aquí que empieza la ‘lucha por la lectura’, o sea la búsqueda de libros de valor, si reconocemos ser verdad lo que opinaba Salazar Bondy, o sea que ‘dar de leer tonterias vale tanto como maleducar’.

 

 

Como les comenté al principio, la cuestión es ardua. La variables del gusto son infinitas, y no solamente de cultura a cultura y de persona a persona, sino también para cualquiera de nosotros, en el recorrido de una vida.

Creo que a todos ustedes les habrá sucedido que pararon de leer un libro porque lo encontraron dificil, aburrido, pesado y al leerlo años después, con sorpresa, se enamoraron de su hermosura… O al revés, descubrir que un libro muy amado ya no les da la misma emoción de antes.

 

Hablando en general, cada uno puede leer lo que mas le dé la gana. Pero aquí estamos hablando de formar lectores, o sea niños, chicos, jóvenes…. para los cuales cabe buscar libros que ayudan a crecer, como les recordé anteriormente. El asunto es precisamente la responsabilidad que tenemos frente al reto de mejorar la sociedad en que vivimos. No solamente por medio de la literatura, obviamente, sino TAMBIÉN por medio de ella. .

 

Así como nos preocupamos de cuidar la alimentación de un niño, ofreciéndole los principios nutritivos necesarios a su desarrollo físico a través de una dieta balanceada, de la misma manera tenemos (tendríamos) que alimentar su capacidad crítica, su creatividad, su sentido del humor (que es tan importante para formar la libertad de opinión) con una oferta de libros variada, sabrosa, interesante, vivaz, valiosa… En una palabra: de alta calidad.

 

Así lo mas sabio ( y menos complicado) me parece tratar de definir que cosa no es un ‘buen’ libro, o sea como se reconoce un libro que no ayuda en este plan formativo del que les estoy hablando..

Es mi listado (justo unas pocas notas básicas, en realidad) y por esto no tiene la pretensión de ser un decálogo, ni hay que tomarlo como un interdicto de la Santa Inquisición. Lo que quiero hacer es subrayar la importancia de reflexionar al momento de escoger un libro en la inmensa y seductora producción de LIJ. Un océano en el que es muy fácil perderse sin brújula y regresar a casa con las manos vacías o con una elección equivocad: algo que no valía la pena comprar, algo que no despierta la atención del lector.

Esta es una responsabilidad adulta: un niño no sale a comprar libros, así como no saldría a comprarse comida. Somos los adultos (padres de familia, profesores, animadores, bibliotecarios, editores) que acercamos a las nuevas generaciones al placer de la lectura.

 

Antes de comprar un libro, habría que conocer un poco la tipología   del lector a quien se lo vamos a regalar. Y elegir algo que que le guste a el, igual que a nosotros. La regla de oro es, efectivamente, no comprarle lo que ellos comprarían ( el libro que esta’ más de moda), más bien lo que no saben todavía que les gustara’ un montón. Abrir otras ventanas e indicar nuevos senderos ( literarios) es preciso deber del adulto.

 

Así que, vamos a ver cuales son mis criterios ( o sugerencias)

 

1.Un ‘buen’ libro debe tener un autor, su nombre y apellido tienen que estar bien visibles en la carátula. Disney no es un autor, ni lo son Peppa Pig y Geronimo Stilton. Los libros seriales son obras de ‘ghost writers’, personas que siguen un esquema prefijado y no pueden (ni queriéndolo) intentar ser creativos o expresar su punto de vista. Quien escribe no puede contar nada de personal, no comparte su visión del mundo con el lector. Entretiene con un texto que puede ser bien acabado, pero necesariamente estandardizado, incluso en el uso de las palabras. Esto no estimula la curiosidad hacia otros tipos de libros, no hace crecer el lector, lo mantiene en nivel de mero ‘consumidor’, bajo el poder de los comerciales.

 

  1. El resumen de una película no es un ‘buen’ libro. De nuevo no habrá un autor. O si hay, esta persona no pudo hacer cambios en la trama, solo pasar la mayoría de los diálogos al estilo indirecto y hacer muchos, pero muchos cortes. El resultado es nuevamente un texto anónimo, sin alma, ni carácter, y sin calidad de escritura. A veces, hasta incompleto: faltan claves para entender lo que pasa, porque la idea es que el lector se refiera a la película cuando hay un vacío en la narración. La lectura de estos libros es inútil, siendo una repetición mal hecha de algo bien hecho.

(Es el caso, ahora en Italia, de una serie televisiva de dibujos animados ‘Masha y Oso’, muy bien hecha, inteligente, innovadora, de la que se han publicado libros que son basura…).

 

  1. Los libros ‘a la moda’ no son ‘buenos’ libros. Tienen un autor en al carátula, pero a su manera son seriales porque invitan a la repetición y otra vez cierran la puerta al resto. En más, favorecen la aptitud de ‘seguir la corriente’ y la disponibilidad a dejarse seducir por las sirenas del marketing de que les hablé poco antes.

 

Si queremos formar lectores capaces de enfrentarse al océano de los libros y de seguir su propia ruta de navegación lectora y de pensar con su propia cabeza, entonces el libro serial, el libro ‘resumen’ y el libro ‘a la moda’ no podrían ayudar en el camino.

Y al final, en la variación está el gusto, y en el libro – si el objetivo es formar lectores – hay que buscar un entretenimiento más activo, capaz   de estimular la curiosidad de un joven, su interés hacia el mundo en que vive.

 

Los libros de autor no garantizan siempre el ‘cabo de obra’, seria ingenuo pensarlo y engañador declararlo – pero si’ garantizan el valor básico de un texto: el escritor desarrolla una idea que le parece interesante, escoge el orden de los eventos que piensa contar, el punto de vista desde que presentar los personajes y sus actos, busca el enfoque, el estilo y el ritmo que considera más adecuados. Y a este punto contarán también las palabras con las que sabrá   recrear vivencias ( reales o imaginarias): palabras que son de el, que el escoge libremente, SUS palabras. De esta manera logra ofrecer a sus lectores – junto a su visión personal de la vida y su personal gusto literario – un texto original y irrepetible.

 

Si miramos afuera de una sola ventana, podemos ver un solo panorama y terminamos pensando que no hay otra cosa y que lo que tenemos es lo mejor. La pluralidad de la literatura, su oferta amplia de voces, de temas y de puntos de vistas diferentes, nos abren cientos de ventanas y nos ayudan a pensar de una manera más libre y a tomar nuestras decisiones sin seguir la corriente.

Este es el punto vital que nos recordaba Rodari: el hombre que lee y comprende el significado de cada palabra, nunca será esclavo.

 

Esto lo sabemos nosotros los adultos, por lo menos los que trabajamos al fomento de la lectura. Pero… ¿ Cómo convencer a niños, chicos y jóvenes que vale la pena leer? ¿Cómo llevarlos a disfrutar de las ventajas de la lectura? ¿Cómo convencerlos que el hábito lector les va a deparar un futuro mejor como personas y como ciudadanos? Lo que es cierto es que las admoniciones o los sermones no sirven para nada. A un niño le interesa el esparcimiento, la perspectiva de gozar con experiencias divertidas. Y si ustedes lo piensan bien, todos los que leen de verdad ( no los que ‘proclaman’ leer mucho y no leen nunca) se han enamorado de la lectura y han ido a buscarla como forma de agradable entretenimiento, tan agradable que desde chicos le encontraban un espacio entre otras diversiones: un partido de fútbol con su pandilla, una película en la tele, una reunión con sus amigas.

 

Para conquistar los jóvenes a la lectura se necesita una entrega más constante y concreta:

 

  1. Compartir lecturas desde muy pequeños, con un ritual de todos los días, tan natural como lavarse los dientes, ducharse o comer juntos, etc. etc.

 

  1. Disfrutar de estas lecturas como momentos de esparcimiento y no como trabajo escolar (esto vale tambien en el colegio).

 

  1. Formar una biblioteca personal del niño, en su habitación, junto a sus juegos, llevarlo a la biblioteca publica, sobre todo cuando hayan talleres dedicados a la juventud, para que se acostumbre a considerarla un lugar familiar y agradable

 

  1. Mostrar interés hacia los libros, ser a su vez un lector. El ejemplo vale mas que mil palabras

 

  1. Empezar ‘la lucha’ por la lectura lo mas pronto posible. Hay padres que leen a sus hijos recién nacidos, o incluso antes que nazcan (y de allí vino una asociación llamada ‘born to read’, que empuja esta aptitud educativa, incluso como ‘children care’ , como amor hacia los niños, por ej. en el hospital o en situaciones extremas ( guerras, terremotos, dicapacidad permanente etc…)

 

  1. NOTA: en esta búsqueda de libros que puedan ser atractivos, cabe recordar que no hay solamente un género narrativo ( o sea la novela, el cuento) , sino también la poesía y las obras de no ficción, de acuerdo con los intereses del niño que queremos ‘conquistar’ a la lectura. Siempre hay que empezar el camino a partir de los intereses del niño, y no del interés   del adulto, como ya les recordé anteriormente.

 

Esas reglas sencillas pueden ser útiles incluso para los educadores y los profesores. Si queremos promover la lectura como hábito de toda una vida, un placer natural como comer un buen plato o citarse con amigos o irse de viaje en algún lugar bonito, tenemos que separar lo que es la formación escolar de la formación lectora, y considerar la lectura como un regalo que uno hace a si mismo, o sea una actividad que se hace en la casa, el colegio o la biblioteca sin otro fin que el placer de disfrutar de un bonito cuento y terminarlo con las ganas de buscar otro para seguir leyendo.

 

Dijo una vez Albert Einstein ( Pensieri degli anni difficili, Boringhieri, p.83-84) : ‘ la escuela debería tener como logro final que los jóvenes salgan de sus cursos con una personalidad armoniosa, y no reducidos a meros ‘especialistas’.(….) El desarrollo de la capacidad de pensar y juzgar en autonomía tendría que estar en primer lugar…’.

 

La lectura de obras de LIJ puede ayudar mucho, en esta perspectiva, siendo un espacio libre en que el adulto regala su tiempo para compartir un libro que el mismo ha leído y disfrutado, para que sus hijos o alumnos disfruten también. Nunca tenemos que presentarlo como una obligación, sino como un placer, igual que un deporte o otras actividades como el baile, la fotografía… etc.

 

Cabe decir que la ‘lucha para la lectura’ es un trabajo duro, pero fascinante. Por esto hay que escoger buenos libros, los mejores que encontremos, los mas entretenidos, los mas inteligentes, los mas sorprendentes, los más curiosos… Piezas únicas que estimulen el ‘apetito’ lector, que hagan descubrir gustos y sabores variados, que sorprendan, que inviten a continuar en una búsqueda personal de otras ofertas capaces de atraparles, de enriquecerles la vida diaria y brindarles momentos de felicidad. Estos nuevos lectores, a su vez, serán embajadores de esta valiosa aptitud en su casa, entre sus amigos, y en su trabajo.

Un País que lee tendrá   siempre una ‘buena y robusta’ democracia.

 

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